En 2001, el presidente George Bush se negaba a firmar el Protocolo de Kioto, que obligaría a Estados Unidos y otros países desarrollados a reducir sus emisiones de dióxido de carbono. Bush afirma que el acuerdo habría estrangulado injustamente la economía estadounidense, la mayor del mundo, al estar obligado a reducir las emisiones de dióxido de carbono hasta los niveles de 1990.
Karl Ulrich, profesor de Gestión de las operaciones y de la información de Wharton, decidió acogerse a dicho Protocolo. Con el apoyo de 41 estudiantes ha creado una empresa llamada TerraPass que aplica los métodos de Kioto para reducir la contaminación emitida por los coches. La empresa, que comenzaba su andadura en el otoño de 2004, intenta utilizar al mercado para solucionar los problemas de contaminación, muy en la línea del reciente movimiento medioambiental basado en el mercado.
Insólitamente, Ulrich está de acuerdo con Bush en que Estados Unidos no debía –ni de hecho podía-, firmar el Protocolo de Kioto, que entró en vigor este año. “Nuestro producto interior bruto en 1990 era cerca del 40% del actual, así que es imposible que Estados Unidos lo cumpla”, explica. La contaminación es algo inherente al crecimiento económico, así que reducir las emisiones de Estados Unidos a los niveles de 1990 implicaría una gran recesión económica, a menos en el corto plazo. Comparemos dicha situación con el PIB de Rusia, que hoy en día es un 30% inferior al que tenía en 1990. Rusia no tendría ningún problema en cumplir los requisitos de Kioto.
Pero toda la controversia que rodea al Protocolo de Kioto y su propio compromiso con la causa medioambiental hicieron que Ulrich se pusiese a pensar en los diferentes modos en los que en Estados Unidos la gente podría utilizar el mercado para reducir las emisiones de dióxido de carbono. “Soy un ecologista-capitalista”, dice Ulrich. “Voy en bicicleta todos los días al trabajo, llueva o haga sol. También creo en el enorme poder de la empresa privada para hacer cosas. Las empresas son las más poderosas instituciones de nuestra sociedad, y no hay otra solución que trabajar con ellas”.
El Protocolo de Kioto intenta restringir el poder de las empresas, pero dándoles libertad para cumplir con los objetivos de reducción de las emisiones de dióxido de carbono del modo en que deseen en lugar de obligarlas a emplear determinado(s) método(s). En concreto, el Protocolo de Kioto crea un sistema llamado cap-and-trade (límites máximos y comercio) que funciona del siguiente modo. Un país –o en el caso de Kioto un protocolo internacional-, establece cuales son las cantidades máximas de contaminación. Bajo las normativas tradicionales, un regulador impondría límites a cada empresa contaminante, la cual tendría que cumplir o bien pagar una multa. Bajo el Protocolo de Kioto se fomenta que las empresas reduzcan sus emisiones en una cantidad superior a la exigida, ya que pueden vender el remanente en forma de “créditos de emisión”.
Una empresa que no supera su límite recibe créditos que puede vender a empresas que superen los suyos; cuanto más logren reducir sus emisiones, más créditos consiguen. Este sistema permite que el dinero migre allá donde sea más útil, esto es, hacia empresas que pueden reducir la contaminación del modo más fácil. Es así como estas empresas tienen incentivos –vender más créditos-, para reducir la contaminación. Simultáneamente, el límite de contaminación global del país disminuye gradualmente a medida que las grandes empresas contaminantes descubren cómo reducir sus emisiones o bien compran los créditos. Sea cual sea el modo elegido, están contribuyendo a pagar por un aire limpio. En las centrales eléctricas de Estados Unidos ya se aplica para el dióxido de sulfuro.
Viviendo libre de culpa por 65 dólares al mes
El mecanismo cap-and-trade es el tipo de regulación basado en el mercado que gusta a “capitalistas-ecologistas” como Ulrich. Los mismos argumentos de este mecanismo son los que justifican para Ulrich un incremento de los impuestos sobre la gasolina. “No hay muchos problemas medioambientales que no pudiesen ser solucionados en este país con un impuesto de 2 dólares por galón (el equivalente a medio dólar por litro)”, sostiene. Tal impuesto no evitaría que la gente condujese –y contaminase-, pero fomentaría que la gente sacase el coche menos. “Me puse a pensar, ¿por qué no puedo pagar ya ese hipotético impuesto?”.
No es que Ulrich quisiese dar dinero al gobierno en base a los kilómetros conducidos. (A pesar de ir en bicicleta al trabajo, conduce un coche a gasolina cada vez que va a su propiedad de Vermont). De lo que se dio cuenta es de que podía comprar energía eólica para contrarrestar los efectos de sus emisiones. Estimó cuanta contaminación generaba en un año de acuerdo con el número de veces que conducía, volaba, utilizaba el aire acondicionado y cosas similares. “Por 65 dólares al año podía vivir libre de culpa. Compré 65 dólares de energía eólica al mes para contrarrestar mi impacto medioambiental”. Ulrich realizó dichas adquisiciones a través de una empresa de Pensilvania llamada Community Energy.
La energía eólica adquirida por Ulrich desplaza a la energía carbonífera. Esto es debido a que la red nacional eléctrica opera como una enorme reserva. La electricidad generada -utilizando carbón, energía nuclear, agua, viento o incluso fuentes geotermales como los volcanes de Hawai- se estima de acuerdo con las necesidades de los clientes y se vuelca en la red. Cuando aquellas empresas que generan electricidad encienden por ejemplo un interruptor, no tiene por qué estar necesariamente utilizando la energía que han producido. Lo que en realidad hacen es acudir a la enorme reserva de electricidad acumulada y compartida. Adquiriendo energía eólica, Ulrich consigue desplazar a la energía carbonífera que de otro modo sería necesaria. Su decisión llega en un momento en que los reguladores de los servicios públicos del país apuestan por las energías renovables; unos cuantos incluso abogan por un porcentaje mínimo de energía procedente de fuentes “verdes”.
Ulrich sospechaba que otras personas podrían estar dispuestas a pagar para contrarrestar las emisiones generadas con sus coches, pero se dio cuenta de que la mayoría no estaría dispuesta a pasar las dificultades por las que él pasó. Era consciente de que la clave consistía en hacerlo fácil. Hazte socio de TerraPass. La empresa podía vender afiliaciones -el precio estaría basado en los kilómetros conducidos-, y luego invertir los ingresos obtenidos en energías limpias y en reducir la contaminación.
Ulrich no tenía tiempo para pensar en todos los detalles, en parte porque era dueño, junto con otros dos socios, de la empresa Scranton, que fabrica scooters para adultos llamados Xootr (que el propio Ulrich inventó). Así, Ulrich decidía el pasado otoño plantear dicho reto a los 41 estudiantes de su clase “Resolución de problemas, diseño y mejoras del sistema” (Problem Solving, Design and System Improvement). En octubre, cuando empezaba el nuevo cuatrimestre, expuso su idea y anunciaba a los estudiantes que su trabajo para el cuatrimestre era convertirla en un negocio.
Tom Arnold, un estudiante de segundo año del MBA, recuerda la enorme sorpresa de la clase. “Fue un shock del tipo No vamos de verdad a poner en marcha un negocio en seis semanas”, explica. Unos cuantos estudiantes incluso se mostraron escépticos de que dicho negocio fuese necesario. “Yo diría que ninguno de nosotros era un ecologista radical”, señala Arnold. No obstante acogieron la idea con los brazos abiertos. Después de todo, se trataba de un trabajo necesario para aprobar la asignatura. Se dividieron en equipos para acometer los objetivos evidentes: desarrollo del producto, fijación de precios, marketing y ventas. Ulrich contribuyó con 5.000 dólares de su propio bolsillo en forma de préstamo sin intereses a devolver cuando TerraPass pudiese. Los estudiantes y la Universidad de Pensilvania son los propietarios de la empresa, que está buscando más inversores.
El 23 de noviembre de 2004, TerraPass, bajo el nombre de BenVen LLC, empezaba a vender afiliaciones anuales. Los clientes pagan de 30 a 80 dólares al año dependiendo de cuando dióxido de carbono emiten sus coches durante 12 meses. Los propietarios de coches híbridos de gasolina y electricidad pagan el mínimo; los propietarios de coches 4x4 y de camiones son los que más pagan. “Realmente forzamos el lanzamiento, y no fue nada bonito, pero salimos, hicimos pruebas y obtuvimos algunos resultados”, recuerda Arnold. Para el 9 de diciembre, cuando los estudiantes hicieron la presentación final, ya se habían vendido 149 afiliaciones, la mayoría amigos y familia.
Llegado este punto muchos proyectos de clase habrían sido considerados un éxito para luego ser olvidados en un cajón. Sin embargo, varios estudiantes de Ulrich decidieron seguir desarrollando el proyecto de TerraPass. Esta primavera un grupo de nueve estudiantes, con Arnold como coordinador, empezaba a poner en marcha la empresa. A principios de febrero los estudiantes habían vendido unas 300 afiliaciones y su objetivo era captar dinero entre diversos inversores. De repente en enero experimentaron una avalancha de compras, cuando Los Angeles Times publicaba un artículo sobre la empresa. Arnold espera captar el suficiente capital-riesgo como para que él mismo, y al menos otro de los estudiantes, pueda seguir trabajando para TerraPass después de la graduación.
En febrero la empresa llevaba a cabo sus primeros acuerdos de reducción de la contaminación. Adquirió 350 megavatios-hora de energía a una granja eólica de Minnesota. Esto permitirá que unas 300 toneladas de dióxido de carbono dejen de emitirse en las centrales eléctricas que emplean carbón. “Cuando viertes energía renovable en la red, se reduce la energía carbonífera y las centrales que emplean carbón disminuyen su producción”, explica Arnold. “Los reguladores quieren tener energías renovables, así que las centrales que emplean carbón no quieren ser consideradas rivales de la energía eólica”. No obstante, la energía eólica todavía supone un pequeñísimo porcentaje de la electricidad generada en este país”.
Se buscan clientes
“El viento es una historia bonita”, señala Ulrich. “La gente la comprende. Pero no es el modo más eficiente de reducir las emisiones de carbono. El modo más eficiente es a través de procesos industriales similares a los empleados en los hornos de fundición de aluminio. Si fuésemos capaces de captar tan sólo el 1% de la energía disponible, el impacto sería enorme”. Así pues, TerraPass decidía que su segundo acuerdo guardaría relación con los procesos industriales.
La típica empresa intensiva en energía tiene una larga lista de proyectos que ahorrarían energía, como por ejemplo aislar las cañerías o instalar maquinaria más eficiente, señala Ulrich. Tiene proyectos con los que ahorrar mucho dinero. Sin embargo también tiene una lista de proyectos a los que le falta muy poco para ser económicamente viables pero no consiguen reducir costes. Tal vez dichos proyectos podrían tener sentido si lograsen generar por ejemplo un céntimo adicional de ahorro por kilovatio-hora. Gracias al Chicago Climate Exchange –un naciente mercado voluntario de contaminación basado en el Protocolo de Kioto-, estas empresas ahora tienen un mercado al que acudir. En este mercado se ponen en contacto empresas que necesitan dinero para proyectos de reducción de la contaminación e inversores como TerraPass.
“Con el Climate Exchange las empresas nos pueden vender los beneficios de sus proyectos”, explica Ulrich. “Los compramos gracias a nuestros afiliados. Si las empresas llevan a cabo el proyecto podrían ahorrarse 2 kilovatios-hora, y luego el proyecto se autofinanciaría”. Algunos estados exigen que una parte de su energía sea respetuosa con el medio ambiente. En lugar de obligar a las plantas eléctricas a hacer costosas reconversiones de sus equipos, les permiten invertir en proyectos verdes de otras empresas. Como cualquier otro mercado de valores, el Climate Exchange facilita estos acuerdos. TerraPass firmaba su segundo acuerdo en el mercado Climate Exchange, comprando 500 toneladas métricas de “instrumentos financieros de carbono”, un valor que representa el derecho de emitir determinada cantidad de dióxido de carbono.
La tercera transacción de TerraPass guardaba relación con Mainstay Energy. Mainstay está desarrollando un triturador que quema estiércol de vaca para generar energía. A medida que TerraPass siga vendiendo afiliaciones, se seguirán firmando acuerdos como éste, predice Ulrich.
Vender afiliaciones posiblemente sea el mayor reto de la empresa. Los mercados de contaminación parecen complicados, pero son identificables y están operando. Los potenciales clientes de TerraPass son difíciles de encontrar. No son, tal y como cabría esperar, ecologistas radicales. “Los verdes están en contra de todo tipo de empresa o negocio”, sostiene Ulrich. “Además, al típico defensor del medioambiente no le gusta TerraPass porque cree que estamos dejando a un lado al gobierno”.
Según el punto de vista de Ulrich, los ecologistas radicales quieren que el gobierno limite estrictamente la contaminación. También quieren desincentivar el uso del coche. Varios defensores del medioambiente han difundido en chats de Internet que TerraPass hace precisamente lo contrario, permitiendo que la gente salve su conciencia pero siga contaminando. “El economista liberal es nuestro cliente objetivo”, sostiene Ulrich. Por desgracia no abundan.
Ulrich sostiene que el tipo de persona que compra coches híbridos a gasolina y electricidad podría formar también parte del grupo de elegidos. Los coches híbridos no proporcionan a los compradores una recompensa financiera real. El precio extra que se paga por un híbrido en comparación con un coche estándar es de unos 10.000 dólares. Sin embargo, el ahorro de gasolina conseguido durante la vida útil de estos coches no alcanza dicha cantidad. Ulrich sospecha que lo que mueve a estas personas que compran coches híbridos no es ahorrar dinero, sino un deseo de limpiar lo que han ensuciado, del mismo modo que algunas personas voluntariamente participan en programas de reciclaje. A la gente que considera comprar un coche híbrido también le gustaría TerraPass, sostiene Ulrich.
“Damos un mejor uso a esos 10.000 dólares. Los híbridos son una de las últimas opciones a las que acudir si tu objetivo es intentar reducir las emisiones globales de dióxido de carbono. Es un modo ineficiente de lograrlo … No creo que ninguno de nosotros pueda hacer algo que cause un cambio significativo en el medioambiente”, dice Ulrich. “TerraPass desde luego no va a hacerlo. Es demasiado pequeña. Pero si alrededor de una gran idea empiezan a surgir otras cosas, el impacto que podría llegar a tener es enorme”.
jueves, 30 de julio de 2009
El efecto invernadero + Protocolo de Kyoto = Un nuevo mercado del gas carbono
La preocupación de la humanidad por el cambio climático y por las alteraciones provocadas por la acción del hombre sobre el medio ambiente, además de involucrar a los especialistas en el área, ha afectado de forma importante a un sector que a primera vista nada tiene que ver con el problema: el mercado financiero. Dentro de la perspectiva de que es necesario actuar pronto para evitar una peligrosa degradación de nuestro planeta ha nacido el llamado mercado del gas carbono.
Este mercado tiene su origen en el llamado Protocolo de Kyoto firmado el 11 de diciembre de 1997 en una ciudad japonesa, tal y como explica José Miguez, especialista y Coordinador General de Cambios Globales del Clima, Meteorología, Climatología e Hidrología del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Brasil. Según el tratado los países industrializados deben reducir, entre 2008 y 2012, las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero -CO2 o gas carbónico y Metano entre otros- en por lo menos un 5,2% por debajo de los niveles registrados en 1990. Esta reducción equivale a aproximadamente 700 millones de toneladas de gases por año, lo cual significa la contención del crecimiento industrial, pudiendo generar una contracción en las economías de los países desarrollados.
De acuerdo con Nuno Cunha e Silva director de Ecosecurities, empresa brasileña especializada en los mercados emergentes medioambientales, se espera que el mercado del carbono movilice unos 100.000 millones de dólares en créditos a partir de la eventual entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en el año 2008.
El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)
El llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), base del embrionario mercado de gas carbono, está previsto en el Protocolo de Kyoto y establece que los países desarrollados, en el caso de que no estén consiguiendo o no deseen cumplir las metas de reducción de emisión de gases, pueden comprar de los países en desarrollo títulos conocidos como créditos de gas carbono, según nos explica Miguez, uno de los mentores del mecanismo.
Por ejemplo, dice, “cierto país o empresa crea un proyecto en el que existe comprobadamente una reducción en la emanación de gases de efecto invernadero. Como las emanaciones de gases disminuyen, se genera el llamado crédito de gas carbono que toma en consideración un cálculo científico que evalúa cuántas toneladas de gas dejarán de ser emitidas a la atmósfera. Como no hay fronteras para la atmósfera, la reducción de la emanación de gases en Brasil es suficiente para compensar las emisiones por encima del límite de Alemania, por ejemplo. Esas toneladas de gases que no son liberadas a la atmósfera podrán ser compradas por los países desarrollados para reducir sus metas anuales”.
“El crédito de gas carbono es un bono, es un título. Es un compromiso de reducir la emanación de gases o el derecho a contaminar. Es un compromiso que da derecho a un contaminador a contaminar en una determinada cuota”, explica la economista Amyra El Kalili, presidenta de la ONG CTA (Consultants, Traders and Advisors) y coordinadora del proyecto de la BECE (Brazilian Environmental Commodities Exchange o Bolsa brasileña de mercaderías ambientales).
Para los países en desarrollo y para un país como Brasil en particular -que contamina poco y no tiene metas de reducción de emanaciones de acuerdo con el Protocolo de Kyoto- el MDL es una gran oportunidad: en primer lugar, a partir de su adopción el país estará obligado a reducir sus emanaciones de contaminantes; en segundo lugar, la negociación de créditos de gas carbono con países desarrollados generará recursos que pueden estimular el desarrollo local. Pero además, tal y como asegura José Miguez: “El Mecanismo de Desarrollo Limpio es interesante para Brasil porque es una manera correcta de involucrar al país en el proceso de combatir los cambios climáticos, ya que Brasil no es históricamente responsable del efecto invernadero”
El apoyo de Rusia es clave
Sin embargo, hasta que el Protocolo de Kyoto entre en vigor oficialmente no existe el MDL o el crédito de gas carbono reglamentado, asegura José Miguez. Puesto que los Estados Unidos ya han anunciado que no van a adherirse al Protocolo, para que el acuerdo entre en vigor hace falta la adhesión de Rusia tal y como se prevé en las reglas establecidas por el documento.
“Estados Unidos y Rusia juntos representan el 53% de las emanaciones de gases contaminantes. Siendo así, si Rusia no ratifica el documento no hay Protocolo de Kyoto”, aclara José Miguez.
Y Rusia todavía no se ha pronunciado al respecto. “La impresión que tenemos es que el proceso de evaluación por parte del gobierno ruso va a demorarse porque los técnicos rusos tienen muchas dudas sobre la ciencia climatológica y sobre la importancia de la ratificación del Protocolo de Kyoto. No espero que tengan una solución para estas cuestiones antes de finales del año que viene, por ejemplo”, nos dice Miguez, que hace un mes participó en Moscú en la III Conferencia Mundial del Clima.
Existen otras limitaciones: “No es suficiente que el Protocolo entre en vigor. Después de entrar en vigor internacionalmente, el Presidente brasileño tiene que emitir un decreto de promulgación para que el Protocolo de Kyoto pase a formar parte del esqueleto legal brasileño”, dice Miguez.
“Pero eso no interesa”, afirma Nuno Cunha e Silva. “Por supuesto que nos interesa en el sentido de tener el proceso reglamentario, pero eso no hace inviable la generación de negocios. Estas ventas son independientes de Kyoto. Son ventas con países europeos y Europa tiene su propia estructura de comercialización de créditos de gas carbono, con Kyoto o sin Kyoto”, explica el ejecutivo, mostrando que el mercado tiene vida propia.
Precisamente esto es lo que está ocurriendo: se está creando y desarrollando un mercado independiente de créditos de gas carbono ante las perspectivas de reglamentación en el futuro.
La propia EcoSecurities ya ha intermediado localmente dos transacciones de créditos de gas carbono: “En Brasil, hay un proyecto con la siderúrgica Mannesmann, que fue la mayor venta de crédito de gas carbono realizada en el país. Se trata de una operación con la International Financial Corporation –brazo privado del Banco Mundial- en nombre del gobierno de Holanda, es un proyecto de 5 millones de toneladas de carbono equivalentes a un precio aproximado de 3 euros por tonelada. Esto se realizó el año pasado. Después se comercializó otra cantidad menor para la Toyota Tsuscho Corporation – cerca de 400.000 toneladas de carbono equivalente- pero su valor no fue revelado al público”, explica Silva.
Según Silva, también hay un proyecto de negocio en estudio conocido como Nueva Gerar que aprovecharía la emisión de biogás (Metano) de sumideros en Río de Janeiro para la generación de energía eléctrica, lo que representaría créditos de gas carbono equivalentes a 5 millones de toneladas.
“Una cosa es no tener una ley, no tener reglas, no tener el Protocolo de Kyoto ratificado. Otra cosa es el mercado. El mercado es soberano, hace que las cosas ocurran. El hecho de que el Protocolo de Kyoto no haya entrado en vigor no quiere decir que no pueda existir un mercado organizado o desorganizado. . . el mercado se anticipa”, dice Amyra El Kalili.
Pero José Miguez hace la siguiente valoración sobre la realidad de este mercado: “Se puede considerar, para simplificar, como un mercado de mesón (de pequeños negocios), porque no existe el Protocolo de Kyoto. No se puede decir que estos proyectos están vinculados al Mecanismo de Desarrollo Limpio. . . Es un mercado de mesón piloto, las personas se están preparando para un probable MDL”..
En Europa, por ejemplo, ya existe este mercado informal de créditos de gas carbono, movido principalmente por grandes empresas. La cotización actual de la tonelada de carbono que deja de emitirse a la atmósfera se estima en alrededor de 3,90 dólares, de acuerdo con el boletín “Carbon Market Europe” (“Mercado de Carbono Europeo”).
En el Reino Unido ya hay transacciones de créditos de gas carbono realizadas entre grandes empresas generadoras de energía, explica Chris Armes, director de la empresa británica de soluciones para generación de energía Combined Power.
“El mercado de carbono está siendo implementado y el gobierno está en este momento trazando los mecanismos en el Reino Unido. Existe un mercado de carbono pero que involucra tan sólo a grandes empresas energéticas. Si ellos cambian una fábrica generadora movida a carbón por gas natural, obtienen una gran diferencia en la emanación de gas carbono y entonces pueden recibir un crédito de gas carbono. Pero el mercado para pequeñas operadoras, como es nuestro caso, está siendo implantado por eso aún no tenemos experiencia en este sector”, dice Armes.
Un negocio entre países
Otra oportunidad de negocio que surge a la estela del Mecanismo de Desarrollo Limpio involucra a los gobiernos, como es el caso de Brasil y Alemania. Según el acuerdo, aún por definir, el país europeo entraría con 100 millones de reales para subsidiar la venta de 100.000 coches a alcohol. Como este tipo de combustible es menos contaminante que la gasolina, la diferencia entre lo que debería ser emitido de gases y lo que realmente será emitido con el cambio de combustible –estimada en alrededor de 700.000 toneladas de gas carbónico por año- genera un crédito de gas carbono que sería transferido a Alemania, nos dice José Miguez.
Los 100 millones de reales ofrecidos por Alemania serían utilizados para dar un bono de 1.000 reales por coche a las empresas y órganos públicos para que renueven sus flotas con vehículos a alcohol. Por el lado de Brasil, serán necesarias inversiones e incentivos a la producción de alcohol lo que generaría, de acuerdo con cálculos oficiales, cerca de 30.000 empleos directos e indirectos en las cadenas productivas automotrices y de alcohol.
Hay otros países que ya demostraron interés en negociar créditos de gas carbono con Brasil: “Hemos conversado mucho con Francia, Canadá, Finlandia, Suecia... Ahora depende básicamente de la ratificación del Protocolo de Kyoto”, explica Miguez.
Preparación para el Protocolo de Kyoto
A pesar del retraso en las definiciones sobre el protocolo, la mayoría de los países que se adhirieron al proyecto están preparándose para adecuarse a sus normas. La principal iniciativa ha sido tomada por la Unión Europea, donde un proyecto actualmente analizado por el Parlamento Europeo establece un límite para las emanaciones de gases que producen el efecto invernadero, independiente del Protocolo de Kyoto. El texto también prevé la creación del primer mercado internacional oficial para el comercio de créditos de gas carbono. Se pretende que la ley –que precisa el apoyo de los 15 países miembros del bloque europeo para ser aprobada- entre en vigor el 1 de enero de 2005, tres años antes de la previsión de adopción del Protocolo, según afirma Nuno Cunha e Silva.
Brasil también está preparando una legislación en esta área desde diciembre del año pasado. Se trata de la llamada Resolución nº 1 de la Comisión Interministerial de Cambios Climáticos. Sin embargo, como nos recuerda José Miguez, “el Protocolo tiene que entrar en vigor para que el Mecanismo de Desarrollo Limpio exista. No tiene sentido hablar de MDL sin el Protocolo de Kyoto”.
Gilney Amorim Viana, Secretario de Políticas para el Desarrollo Sostenible del Ministerio de Medio Ambiente brasileño, recuerda que el gobierno federal también prevé una serie de programas oficiales relativos a los cambios climáticos, como el Pro-Carbono y el Pro-Ambiente. “Nosotros no teníamos un programa gubernamental de incentivo a proyectos de captación de gas carbono. En el nuevo PPA (proyectos a largo plazo del país) vamos a tener dos programas oficiales que van a incentivar la captación de gas carbono y, eventualmente, su negociación como créditos”, nos dice Viana.
El gobierno portugués, por ejemplo, estudia poner una tasa sobre las emisiones de CO2 y de Metano. Los recursos obtenidos con esta contribución permitirían a Portugal adquirir créditos de gas carbono de otros países con el objetivo de cumplir, en el futuro, las metas de reducción de emanaciones de gases establecidas tanto por la legislación europea como por el Protocolo de Kyoto.
El Protocolo de Kyoto también contempla en su texto original que los créditos obtenidos antes de la entrada en vigor del acuerdo puedan ser aprovechados a partir de 2008. Pero esta cuestión, así como las otras previstas en el documento, aún están pendientes de reglamentación, principalmente aquellas que determinen que entidades serán responsables de la certificación de que las transacciones representan, realmente, reducciones en la emanación de gases.
“Con relación a los negocios realizados a partir de 2002, resulta más fácil obtener esta aprobación (retroactiva al Protocolo). Pero aún así son entidades que están certificando negocios sin tener la autorización del Executive Board (órgano director que será responsable de la implantación del Protocolo). Por esto, todo este mercado anterior a la entrada en vigor del Protocolo, aún es susceptible de discusión en el Executive Board. No existen garantías de que estos proyectos serán aprobados”, nos aclara José Miguez.
De acuerdo con los analistas consultados por Universia-Knowledge@Wharton, podrán considerarse operaciones que generan créditos de gas carbono las iniciativas tales como: cambio de matriz energética utilizada para la generación de electricidad en una fábrica que pase a usar gas natural menos contaminante en lugar de otros derivados del petróleo; el aprovechamiento de gases de gran efecto contaminante, como el Metano –que se escapa, por ejemplo, de los sumideros- para la generación de electricidad, e incluso la reforestación de áreas –se considera que la vegetación a través del proceso de fotosíntesis absorbe el gas carbónico de la atmósfera. Todas estas iniciativas, en principio, podrían generar créditos de gas carbono.
Este mercado tiene su origen en el llamado Protocolo de Kyoto firmado el 11 de diciembre de 1997 en una ciudad japonesa, tal y como explica José Miguez, especialista y Coordinador General de Cambios Globales del Clima, Meteorología, Climatología e Hidrología del Ministerio de Ciencias y Tecnología de Brasil. Según el tratado los países industrializados deben reducir, entre 2008 y 2012, las emisiones de gases que provocan el efecto invernadero -CO2 o gas carbónico y Metano entre otros- en por lo menos un 5,2% por debajo de los niveles registrados en 1990. Esta reducción equivale a aproximadamente 700 millones de toneladas de gases por año, lo cual significa la contención del crecimiento industrial, pudiendo generar una contracción en las economías de los países desarrollados.
De acuerdo con Nuno Cunha e Silva director de Ecosecurities, empresa brasileña especializada en los mercados emergentes medioambientales, se espera que el mercado del carbono movilice unos 100.000 millones de dólares en créditos a partir de la eventual entrada en vigor del Protocolo de Kyoto en el año 2008.
El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)
El llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), base del embrionario mercado de gas carbono, está previsto en el Protocolo de Kyoto y establece que los países desarrollados, en el caso de que no estén consiguiendo o no deseen cumplir las metas de reducción de emisión de gases, pueden comprar de los países en desarrollo títulos conocidos como créditos de gas carbono, según nos explica Miguez, uno de los mentores del mecanismo.
Por ejemplo, dice, “cierto país o empresa crea un proyecto en el que existe comprobadamente una reducción en la emanación de gases de efecto invernadero. Como las emanaciones de gases disminuyen, se genera el llamado crédito de gas carbono que toma en consideración un cálculo científico que evalúa cuántas toneladas de gas dejarán de ser emitidas a la atmósfera. Como no hay fronteras para la atmósfera, la reducción de la emanación de gases en Brasil es suficiente para compensar las emisiones por encima del límite de Alemania, por ejemplo. Esas toneladas de gases que no son liberadas a la atmósfera podrán ser compradas por los países desarrollados para reducir sus metas anuales”.
“El crédito de gas carbono es un bono, es un título. Es un compromiso de reducir la emanación de gases o el derecho a contaminar. Es un compromiso que da derecho a un contaminador a contaminar en una determinada cuota”, explica la economista Amyra El Kalili, presidenta de la ONG CTA (Consultants, Traders and Advisors) y coordinadora del proyecto de la BECE (Brazilian Environmental Commodities Exchange o Bolsa brasileña de mercaderías ambientales).
Para los países en desarrollo y para un país como Brasil en particular -que contamina poco y no tiene metas de reducción de emanaciones de acuerdo con el Protocolo de Kyoto- el MDL es una gran oportunidad: en primer lugar, a partir de su adopción el país estará obligado a reducir sus emanaciones de contaminantes; en segundo lugar, la negociación de créditos de gas carbono con países desarrollados generará recursos que pueden estimular el desarrollo local. Pero además, tal y como asegura José Miguez: “El Mecanismo de Desarrollo Limpio es interesante para Brasil porque es una manera correcta de involucrar al país en el proceso de combatir los cambios climáticos, ya que Brasil no es históricamente responsable del efecto invernadero”
El apoyo de Rusia es clave
Sin embargo, hasta que el Protocolo de Kyoto entre en vigor oficialmente no existe el MDL o el crédito de gas carbono reglamentado, asegura José Miguez. Puesto que los Estados Unidos ya han anunciado que no van a adherirse al Protocolo, para que el acuerdo entre en vigor hace falta la adhesión de Rusia tal y como se prevé en las reglas establecidas por el documento.
“Estados Unidos y Rusia juntos representan el 53% de las emanaciones de gases contaminantes. Siendo así, si Rusia no ratifica el documento no hay Protocolo de Kyoto”, aclara José Miguez.
Y Rusia todavía no se ha pronunciado al respecto. “La impresión que tenemos es que el proceso de evaluación por parte del gobierno ruso va a demorarse porque los técnicos rusos tienen muchas dudas sobre la ciencia climatológica y sobre la importancia de la ratificación del Protocolo de Kyoto. No espero que tengan una solución para estas cuestiones antes de finales del año que viene, por ejemplo”, nos dice Miguez, que hace un mes participó en Moscú en la III Conferencia Mundial del Clima.
Existen otras limitaciones: “No es suficiente que el Protocolo entre en vigor. Después de entrar en vigor internacionalmente, el Presidente brasileño tiene que emitir un decreto de promulgación para que el Protocolo de Kyoto pase a formar parte del esqueleto legal brasileño”, dice Miguez.
“Pero eso no interesa”, afirma Nuno Cunha e Silva. “Por supuesto que nos interesa en el sentido de tener el proceso reglamentario, pero eso no hace inviable la generación de negocios. Estas ventas son independientes de Kyoto. Son ventas con países europeos y Europa tiene su propia estructura de comercialización de créditos de gas carbono, con Kyoto o sin Kyoto”, explica el ejecutivo, mostrando que el mercado tiene vida propia.
Precisamente esto es lo que está ocurriendo: se está creando y desarrollando un mercado independiente de créditos de gas carbono ante las perspectivas de reglamentación en el futuro.
La propia EcoSecurities ya ha intermediado localmente dos transacciones de créditos de gas carbono: “En Brasil, hay un proyecto con la siderúrgica Mannesmann, que fue la mayor venta de crédito de gas carbono realizada en el país. Se trata de una operación con la International Financial Corporation –brazo privado del Banco Mundial- en nombre del gobierno de Holanda, es un proyecto de 5 millones de toneladas de carbono equivalentes a un precio aproximado de 3 euros por tonelada. Esto se realizó el año pasado. Después se comercializó otra cantidad menor para la Toyota Tsuscho Corporation – cerca de 400.000 toneladas de carbono equivalente- pero su valor no fue revelado al público”, explica Silva.
Según Silva, también hay un proyecto de negocio en estudio conocido como Nueva Gerar que aprovecharía la emisión de biogás (Metano) de sumideros en Río de Janeiro para la generación de energía eléctrica, lo que representaría créditos de gas carbono equivalentes a 5 millones de toneladas.
“Una cosa es no tener una ley, no tener reglas, no tener el Protocolo de Kyoto ratificado. Otra cosa es el mercado. El mercado es soberano, hace que las cosas ocurran. El hecho de que el Protocolo de Kyoto no haya entrado en vigor no quiere decir que no pueda existir un mercado organizado o desorganizado. . . el mercado se anticipa”, dice Amyra El Kalili.
Pero José Miguez hace la siguiente valoración sobre la realidad de este mercado: “Se puede considerar, para simplificar, como un mercado de mesón (de pequeños negocios), porque no existe el Protocolo de Kyoto. No se puede decir que estos proyectos están vinculados al Mecanismo de Desarrollo Limpio. . . Es un mercado de mesón piloto, las personas se están preparando para un probable MDL”..
En Europa, por ejemplo, ya existe este mercado informal de créditos de gas carbono, movido principalmente por grandes empresas. La cotización actual de la tonelada de carbono que deja de emitirse a la atmósfera se estima en alrededor de 3,90 dólares, de acuerdo con el boletín “Carbon Market Europe” (“Mercado de Carbono Europeo”).
En el Reino Unido ya hay transacciones de créditos de gas carbono realizadas entre grandes empresas generadoras de energía, explica Chris Armes, director de la empresa británica de soluciones para generación de energía Combined Power.
“El mercado de carbono está siendo implementado y el gobierno está en este momento trazando los mecanismos en el Reino Unido. Existe un mercado de carbono pero que involucra tan sólo a grandes empresas energéticas. Si ellos cambian una fábrica generadora movida a carbón por gas natural, obtienen una gran diferencia en la emanación de gas carbono y entonces pueden recibir un crédito de gas carbono. Pero el mercado para pequeñas operadoras, como es nuestro caso, está siendo implantado por eso aún no tenemos experiencia en este sector”, dice Armes.
Un negocio entre países
Otra oportunidad de negocio que surge a la estela del Mecanismo de Desarrollo Limpio involucra a los gobiernos, como es el caso de Brasil y Alemania. Según el acuerdo, aún por definir, el país europeo entraría con 100 millones de reales para subsidiar la venta de 100.000 coches a alcohol. Como este tipo de combustible es menos contaminante que la gasolina, la diferencia entre lo que debería ser emitido de gases y lo que realmente será emitido con el cambio de combustible –estimada en alrededor de 700.000 toneladas de gas carbónico por año- genera un crédito de gas carbono que sería transferido a Alemania, nos dice José Miguez.
Los 100 millones de reales ofrecidos por Alemania serían utilizados para dar un bono de 1.000 reales por coche a las empresas y órganos públicos para que renueven sus flotas con vehículos a alcohol. Por el lado de Brasil, serán necesarias inversiones e incentivos a la producción de alcohol lo que generaría, de acuerdo con cálculos oficiales, cerca de 30.000 empleos directos e indirectos en las cadenas productivas automotrices y de alcohol.
Hay otros países que ya demostraron interés en negociar créditos de gas carbono con Brasil: “Hemos conversado mucho con Francia, Canadá, Finlandia, Suecia... Ahora depende básicamente de la ratificación del Protocolo de Kyoto”, explica Miguez.
Preparación para el Protocolo de Kyoto
A pesar del retraso en las definiciones sobre el protocolo, la mayoría de los países que se adhirieron al proyecto están preparándose para adecuarse a sus normas. La principal iniciativa ha sido tomada por la Unión Europea, donde un proyecto actualmente analizado por el Parlamento Europeo establece un límite para las emanaciones de gases que producen el efecto invernadero, independiente del Protocolo de Kyoto. El texto también prevé la creación del primer mercado internacional oficial para el comercio de créditos de gas carbono. Se pretende que la ley –que precisa el apoyo de los 15 países miembros del bloque europeo para ser aprobada- entre en vigor el 1 de enero de 2005, tres años antes de la previsión de adopción del Protocolo, según afirma Nuno Cunha e Silva.
Brasil también está preparando una legislación en esta área desde diciembre del año pasado. Se trata de la llamada Resolución nº 1 de la Comisión Interministerial de Cambios Climáticos. Sin embargo, como nos recuerda José Miguez, “el Protocolo tiene que entrar en vigor para que el Mecanismo de Desarrollo Limpio exista. No tiene sentido hablar de MDL sin el Protocolo de Kyoto”.
Gilney Amorim Viana, Secretario de Políticas para el Desarrollo Sostenible del Ministerio de Medio Ambiente brasileño, recuerda que el gobierno federal también prevé una serie de programas oficiales relativos a los cambios climáticos, como el Pro-Carbono y el Pro-Ambiente. “Nosotros no teníamos un programa gubernamental de incentivo a proyectos de captación de gas carbono. En el nuevo PPA (proyectos a largo plazo del país) vamos a tener dos programas oficiales que van a incentivar la captación de gas carbono y, eventualmente, su negociación como créditos”, nos dice Viana.
El gobierno portugués, por ejemplo, estudia poner una tasa sobre las emisiones de CO2 y de Metano. Los recursos obtenidos con esta contribución permitirían a Portugal adquirir créditos de gas carbono de otros países con el objetivo de cumplir, en el futuro, las metas de reducción de emanaciones de gases establecidas tanto por la legislación europea como por el Protocolo de Kyoto.
El Protocolo de Kyoto también contempla en su texto original que los créditos obtenidos antes de la entrada en vigor del acuerdo puedan ser aprovechados a partir de 2008. Pero esta cuestión, así como las otras previstas en el documento, aún están pendientes de reglamentación, principalmente aquellas que determinen que entidades serán responsables de la certificación de que las transacciones representan, realmente, reducciones en la emanación de gases.
“Con relación a los negocios realizados a partir de 2002, resulta más fácil obtener esta aprobación (retroactiva al Protocolo). Pero aún así son entidades que están certificando negocios sin tener la autorización del Executive Board (órgano director que será responsable de la implantación del Protocolo). Por esto, todo este mercado anterior a la entrada en vigor del Protocolo, aún es susceptible de discusión en el Executive Board. No existen garantías de que estos proyectos serán aprobados”, nos aclara José Miguez.
De acuerdo con los analistas consultados por Universia-Knowledge@Wharton, podrán considerarse operaciones que generan créditos de gas carbono las iniciativas tales como: cambio de matriz energética utilizada para la generación de electricidad en una fábrica que pase a usar gas natural menos contaminante en lugar de otros derivados del petróleo; el aprovechamiento de gases de gran efecto contaminante, como el Metano –que se escapa, por ejemplo, de los sumideros- para la generación de electricidad, e incluso la reforestación de áreas –se considera que la vegetación a través del proceso de fotosíntesis absorbe el gas carbónico de la atmósfera. Todas estas iniciativas, en principio, podrían generar créditos de gas carbono.
martes, 28 de julio de 2009
CONSECUENCIAS DE LA GLOBALIZACION
Apartir del incremento desmedido de la miseria, crimen, corrupcion y la no-reciente destruccion ecologica, nos deviene el problema que ha cobrado mayor magnitud en estos ultimos años, hablo de la globalizacion, entendida como la creciente interdependencia mundial de la gente y las naciones, este proceso ha cobrado impetu desde hace unos diez años apartir de los grandes avances en el campo tecnologico. lo preocupante de dicho fenomeno es la manera en como se ha logrado ensanchar entre la brecha ricos-pobres, en la cual la riqueza mundial queda concentrada en un numero minoritario de personas.
la globalizacion retorna los terrenos de donde prevalece la ley del mas fuerte y para muestra: la mitificacion de algunos indigenas enmedio de un glamour inusitado, en tanto que nuestros hermanos estan condenados a vivir y refugiarse en las sierras montañosas y consumidos por las mas profundas de las postraciones sociales, donde dicho fenomenos sociocultural obedece a una mala distribucion de la riqueza, la cual esta fomentada por un pequeñisimo grupo los cuales monopolizan el capital humano. de la mano de este problema estamos proclives al consumismo, impuesto por aquellos que dirigen en mercado mundial y que significa un gran privilegio para aquellas personas que puedan acceder a informacion desde cualquier rincon. contraste con aquellos cuya dificultad, frustracion y coraje a nadie les importa.
para finalizar puntualizo: un factor inasequiablepara que la globalizacion llegue a ser positiva es: igualdad para pobres y ricos, aportar el mismo grado de derechos que de riquezas y suministrar el mismo grado de equidad social que de prosperidad economica y de buenas comunicaciones...
recordemos: la modernizacion hace necesario transformar la estructura, consolidarse...
la globalizacion retorna los terrenos de donde prevalece la ley del mas fuerte y para muestra: la mitificacion de algunos indigenas enmedio de un glamour inusitado, en tanto que nuestros hermanos estan condenados a vivir y refugiarse en las sierras montañosas y consumidos por las mas profundas de las postraciones sociales, donde dicho fenomenos sociocultural obedece a una mala distribucion de la riqueza, la cual esta fomentada por un pequeñisimo grupo los cuales monopolizan el capital humano. de la mano de este problema estamos proclives al consumismo, impuesto por aquellos que dirigen en mercado mundial y que significa un gran privilegio para aquellas personas que puedan acceder a informacion desde cualquier rincon. contraste con aquellos cuya dificultad, frustracion y coraje a nadie les importa.
para finalizar puntualizo: un factor inasequiablepara que la globalizacion llegue a ser positiva es: igualdad para pobres y ricos, aportar el mismo grado de derechos que de riquezas y suministrar el mismo grado de equidad social que de prosperidad economica y de buenas comunicaciones...
recordemos: la modernizacion hace necesario transformar la estructura, consolidarse...
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